LA OFENSIVA CONTRA LA EXISTENCIA DE LA FUERZA ARMADA

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Recientemente hemos conocido una pieza de correspondencia en la Asamblea Legislativa, en la que se solicita la desaparición de la Unidad de Apoyo Institucional denominada “Brigada Especial de Seguridad Militar”, compuesta por el Batallón de Protección de Fronteras y el Batallón de Policía Militar, con sede en el antiguo cuartel de la Benemérita Guardia Nacional.

La eliminación del Ejército Nacional es un objetivo no alcanzado por los terroristas del FMLN, de hecho, una de las condiciones que impusieron al gobierno de Cristiani fue la desaparición de los Batallones de Infantería de Reacción Inmediata encabezados por el Batallón Atlacatl, así como los Cuerpos de Seguridad.

El resultado ha sido el desbordamiento de la delincuencia común y organizada y la creación de una policía incapaz de contener la ola delincuencial, y ahora nos enfrentamos a dos maras delincuenciales que manejan al gobierno de turno y le imponen sus condiciones al punto que le han obligado a despejarles zonas de influencia para que puedan seguir extorsionando a sus anchas en la connivencia de un gobierno de incapaces y cobardes.

A toda esa desgracia se une la sorpresa que los antiguos terroristas pretenden iniciar un paulatino proceso de eliminación, por decreto legislativo, de las distintas unidades militares, hasta dejar a la Fuerza Armada a su mínima expresión a fin de hacerla desaparecer con una reforma constitucional.

La Fuerza Armada es la única institución gubernamental que todavía mantiene la credibilidad entre los distintos sectores de nuestro pueblo. La gente sigue confiando en nuestra Fuerza Armada como lo hizo durante la guerra, y lo que en el fondo se pretende es que se quiere eliminar el brazo armado del pueblo que es el único que puede vigilar las condiciones mínimas de subsistencia de la República.

Por eso se pretende manipular su historia y eliminar a sus héroes, por esos se vive vilipendiando a sus principales comandantes para justificar sus rastreras intenciones.

Cuando Arce pronunció su famosa frase “El Ejército vivirá mientras viva la República”, no fue una simple frase retórica, fue un mandato al naciente ejército nacional, un mandato de preservar la esencia de la vida republicana, la democracia, la libertad y el estado de derecho.

A nadie le ha costado la República como al Ejército, nadie ha puesto una cuota tan grande en vidas humanas como la Fuerza Armada, nadie ha amado tanto a la Nación como los elementos que han ofrendado su vida en el cumplimiento de su juramento a la Bandera Nacional.

Por ello los enemigos de la República, que ahora pretenden reformar las normas pétreas de la Constitución, quieren eliminar al Ejército, porque en Él encuentran el único escollo para alcanzar sus más indignos intereses.

Desgraciadamente, muchos políticos se prestan a ese juego demoníaco sin darse cuenta del daño que le pueden provocar al País.

Esto nos obliga, a los que una vez portamos con orgullo el uniforme del soldado salvadoreño, a levantar nuestra voz con toda la fuerza de nuestra alma, para impedir estos actos de alta traición a la Patria y respaldar a los actuales miembros de la Fuerza Armada para que defiendan con valentía e hidalguía el mandato que recibieron del primer comandante del Ejército y sobre todo, el mandato emanado de la Constitución de la República.

Por eso los enemigos de la Patria buscaron siempre eliminar a Domingo Monterrosa, porque hombres de su talante nunca hubieran permitido que se salieran con la suya, antes bien, hubieran sido destruidos y eliminados de la faz de la Nación.

Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

MENSAJE DEL CORONEL MONTERROSA BARRIOS A LOS VETERANOS DE GUERRA DE LA FUERZA ARMADA

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

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Queridos Veteranos de Guerra:

En esta primera celebración del Día del Veterano de la Fuerza Armada, deseo enviarles mis saludos desde la eternidad, en la que nunca he dejado de ser soldado del glorioso Ejército Salvadoreño.

Haber logrado el reconocimiento legislativo de este día, que recuerda el esfuerzo, el sudor, las lágrimas, la sangre y el dolor que todos nosotros ofrecimos en el altar de la Patria en favor de nuestro pueblo y de la liberación de la opresión de la amenaza comunista que se cernía sobre nuestra Patria, es un primer paso en la lucha por la dignificación de todos nuestros compañeros de armas.

Nadie como los soldados de la Fuerza Armada ha dado una cuota de sacrificio en la construcción de la República. Durante la guerra, la esperanza de nuestro pueblo se mantenía en alto porque sabían que los soldados de la Fuerza Armada eran capaces de entregar hasta la propia vida por asegurar la libertad y el progreso de los verdaderos salvadoreños.

Solo nosotros sabemos lo que es el fragor del combate, lo que significa el miedo que es superado por el coraje y la preparación técnica con el que instruíamos a todas nuestras unidades.

Ni el hambre, ni el sueño, ni el cansancio, ni la soledad, ni la muerte, ni el dolor fueron capaces de hacernos retroceder en el cumplimiento de la misión que nos fue conferida el día de nuestro juramento ante la Bandera nacional.

Nuestros hombres pusieron la mayor cuota de sangre y dolor entre los 75,000 muertos del pasado conflicto, sin contar todos los miembros de la institución armada que fueron asesinados cobardemente por los terroristas desde el año de 1972.

Desde la Guerra por la Dignidad Nacional aprendimos que la vida militar se vivía con honor, se luchaba con honor y se moría con honor. Nunca rehuimos el combate en defensa de la institucionalidad nacional y la salvaguarda de nuestros compatriotas.

Fuimos víctimas de miles de mentiras del comunismo internacional, nos vilipendiaron, nos difamaron, nos apresaron a muchos compañeros por haber cumplido con el deber, y al final del conflicto, unos cuantos políticos brindaron en los festejos privados mientras los veteranos fueron humillados y despedidos como obreros inservibles, sin haber tenido ni siquiera la alegría de un homenaje nacional o el resarcimiento económico que cualquier trabajador recibe cuando concluye sus servicios.

Los representantes del pueblo los desmovilizaron con vergüenza, sin el honor que se merece un héroe de la Patria. Nos empezaron a tratar de asesinos, de genocidas, de torturadores, de violadores de los derechos humanos y nadie reconoció el valor y el heroísmo de nuestras tropas.

Yo doy fe del valor y del heroísmo con el que mis soldados lucharon a mi lado en el Batallón Atlacatl y en la Tercera Brigada de Infantería, así como otros tantos que operaron junto a mis unidades o nos apoyaron en los distintos operaciones o incursiones en las madrigueras enemigas, muchos de ellos, ofrendando su vida hasta el límite del dolor por la libertad y la soberanía nacional.

Junto a ellos combatí, caminé, maniobré, salté, retrocedimos y siempre avanzamos, fuimos heridos, sufrimos el hambre, el fragor del combate, la traición, la incomprensión y el amor de nuestro pueblo cuando lográbamos arrebatar a los terroristas los distintos pueblos en las zonas de combate.

Para nosotros, portar el uniforme del ejército era un privilegio y un orgullo, mancharlo de lodo o de sangre nos era indiferente porque solo pensábamos en cumplir nuestro deber.

En muchas batallas amanecíamos y anochecíamos sin probar alimento y a veces ni siquiera agua, pero nunca abandonamos las posiciones ni renunciábamos a los objetivos estratégicos que nos imponíamos.

No existía ninguna situación que no pudiéramos superar, o misión que no pudiéramos alcanzar, con o sin apoyo aéreo o de artillería, nuestra capacidad de maniobra y de fuego puso siempre en desbandada a los terroristas.

¡¡¡Soldados salvadoreños!!! Ustedes nunca dejarán de ser soldados de la Patria, y por ello siempre tienen entre sus manos y corazones la misión de salvar a la Patria cuando fuerzas extrañas pretendan mancillar la soberanía nacional, nuestras tradiciones, nuestros valores y nuestra historia. Nuestra lucha no ha terminado, hasta el último aliento de vida tienen que luchar por nuestros ideales que son los ideales de la Patria.

Tras ustedes se encuentran las tumbas de nuestros camaradas que ya se han reagrupado a mi alrededor aquí en el cielo, y ese sacrificio no puede quedar en vano. Por su memoria y por esa sangre que bañó toda nuestra Patria, tenemos que levantar nuestra voz para alcanzar los derechos que la sociedad está en deberle a cada uno de ustedes y para recordarle a los políticos que la Patria en libertad que les heredamos no es propiedad de nadie y que ningún intento de manipular el régimen constitucional quedará sin castigo, que aunque los años han pasado todavía poseemos el valor de dar la vida por la Patria.

Soldados, desde la tierra prometida seguiré observando y apoyando sus luchas, que son las luchas de los verdaderos patriotas, de los hombres que aman de verdad a su Patria, no de los mercenarios que son capaces de vender hasta a su madre por intereses externos y contrarios a nuestra democracia.

Adelante soldados, la lucha será larga y ardua, pero al final recibirán la corona de la gloria y el honor.

¡¡¡Por la Patria y con Dios!!!

(Sgto. Guido Miguel Castro)

LOS MIEMBROS DE LA FUERZA ARMADA DEBEN DEFENDER A SUS HÉROES

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Solo quienes han sido o son miembros de la Fuerza Armada, y sobre todo aquellos que sintieron el fragor del combate, que vieron morir a sus camaradas, que fueron heridos junto a sus compañeros, que pasaron hambre, fiebres, diarreas, calambres, hongos, calor, frío, lluvia y la angustia de la muerte al pasar silbando las balas sobre sus cabezas, pueden valorar el sacrificio de nuestros héroes, a quienes los guerrilleros de escritorio ahora pretenden calificar de asesinos cuando fueron ellos los que derramaron la primera sangre, fueron ellos los que atacaron a la Fuerza Armada, fueron ellos los que secuestraron empresarios, mataron humildes guardias nacionales por robarles el fusil, pusieron bombas para destruir la infraestructura económica del País y sembrar el terror entre la población civil.

Nada se puede esperar de los antiguos terroristas, de los curas que sembraron el odio de clases ni de los aprendices de gobernantes que ahora han terminado de destruir la economía nacional.

Pero de los hombres de uniforme, de los veteranos de guerra y de los verdaderos salvadoreños, lo que podemos esperar es solidaridad y veneración permanente por todos los héroes de la Fuerza Armada, por su nombre, por su memoria, por su ejemplo a seguir, y por la libertad que nos heredaron.

Y cuando me refiero a héroes de la Fuerza Armada, lo hago recordando desde el soldadito a quien un morterazo lo desintegró en el campo de batalla o fue desaparecido por los terroristas y su cuerpo nunca se recuperó, hasta mi Coronel Domingo Monterrosa Barrios, el mejor símbolo del soldado nacional, el ideal a seguir por los hombres de uniforme, pasando por miles de soldados, clases, oficiales y jefes que desde 1824 han regado los campos de batalla con su sangre, ofreciendo su última bocanada de aire para recordar su juramento a la patria. ¡¡¡¡¡¡Vencer o Morir!!!!!

Todavía no conocemos el informe que Mauricio Funes, antiguo empleado de Canal 10 que todos los domingos relataba los avances castrenses de la guerra, ordenó a una Comisión, para pretender borrar por decreto la historia gloriosa de la Fuerza Armada, pero sea cual sea el mismo, NADIE puede negar a nuestros héroes la gloria que ya se ganaron y que ha sido premiada con los laureles del honor en el Reino de los Cielos y en la memoria nacional, y en caso de ser atacados, TODOS debemos hacer un frente común reivindicar su memoria. Ahora es cuando conoceremos a los verdaderos hijos de la Patria y a los mercenarios para quienes nunca ha significado nada.

Muchos hablan de nuestro País como si se avergonzaran de él, muchos se creen más cubanos, venezolanos o gringos que salvadoreños. Muchos prefieren vestir símbolos extranjeros que expresar el amor por la Patria, y ese amor por la Patria implica el amor a su historia, a sus tradiciones, a su raza, a su religión, a sus héroes, a sus símbolos.

Cuántas veces izábamos con orgullo y emoción, hasta las lágrimas. la bandera nacional en las posiciones que recuperábamos de los terroristas en la campiña salvadoreña; cuántas veces vimos el ataúd de nuestros camaradas envueltos en el Pabellón Nacional; cuantas veces destruimos el trapo rojo del comunismo que pretendía sustituir a la Bandera que veneramos desde el 15 de septiembre de 1912, aniversario centenario que este gobierno títere ignoró completamente el año pasado.

Hombres de uniforme, defendamos la memoria de nuestros héroes y recordemos que es preferible morir en la lucha que arrodillados ante el mercenario extranjero!!!!!

Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

EL IRRESPETO A LOS VETERANOS DE GUERRA

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Recientemente hemos sido testigos de los actos de protestas protagonizados por los veteranos de guerra de El Salvador ante un nuevo episodio de promesas incumplidas por parte del gobierno de turno.

Desde los años setenta, los miembros del Ejército salvadoreño contuvieron la ofensiva del comunismo internacional a través de las organizaciones subversivas que en octubre de 1980 se unificaron en el llamado Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), por mandato de Fidel Castro, quien los condicionó para poder seguir recibiendo su ayuda militar y la cobertura internacional.

Miles de hombres de uniforme fueron muertos, heridos y lisiados de por vida en la defensa de la Soberanía nacional, y ahora se pretende ignorar esa realidad que nos cuestiona a todos los salvadoreños que tenemos una deuda con todos estos héroes anónimos y sus familias.

Los llamados Acuerdos de Paz desgraciadamente contemplaron la desmovilización de todos los cuerpos de seguridad, los Batallones de Reacción Inmediata y las principales unidades especializadas del Ejército en lucha anti subversiva, logrando los guerrilleros en la mesa destruir lo que nunca pudieron hacer en el campo de batalla. Cerca de 30,000 soldados fueron dados de baja.

Sin embargo, nunca se contemplaron verdaderos programas de reinserción, atención y financiamiento para los antiguos miembros del Ejército y sus familias, quienes había dado lo mejor de su vida por la defensa de los grandes intereses nacionales. En cambio los guerrilleros tuvieron a su favor cientos de programas financiados por los países socialistas, y hasta la fecha, siguen viviendo de ellos como es el ejemplo las poblaciones del Bajo Lempa, la Ciudad Segundo Montes que explota la mentira de El Mozote, el llamado “Museo de la Revolución” en Perquín, Morazán, y tantos otros proyectos y ONGs de la ex guerrilla. Los terroristas fueron premiados y los hombres que arriesgaron su vida por el país fueron olvidados de manera ignominiosa.

Veintiún años después de haber terminado ese conflicto armado, los veteranos de guerra que todavía sobreviven, que rondan entre los cuarenta y cincuenta años, todavía están exigiendo que se les responda como se ha hecho con los antiguos terrorista y el gobierno de turno, al igual que los cuatro gobiernos anteriores, solo responden con falsas promesas sin ningún resultado.

Especial atención merecen los ex patrulleros que realizaban un papel de defensa en aquellos lugares donde el Ejército no tenía presencia permanente, los cuales, al igual que la tropa regular y especial, arriesgaron sus vidas y en muchas ocasiones, la ofrendaron en defensa de la Patria. A ellos nadie los mencionó en las negociaciones de Paz, y nunca han recibido ningún tipo de beneficios.

Es impresionante constatar la dignidad con la que se trata a los Veteranos de Guerra en Estados Unidos y la dignidad con la que se trata su memoria. Basta visitar el Cementerio de Arlington para corroborar lo anterior. Todos los veteranos reciben atención médica, una pensión digna, reconocimientos a nivel del Congreso de los Estados Unidos y el respeto de los gobiernos y de la población en general, en cambio en El Salvador se les considera una piedra en el zapato de todas las administraciones.

Y es que el Veterano de Guerra no es un ciudadano con una categoría especial, porque todos somos iguales ante la Ley, pero es de justicia retribuirle algo, por parte del Estado, a quienes lo entregaron todo, lo perdieron todo y lo dejaron todo por defender al País de la agresión terrorista.

El soldado al causar alta renunciaba a la comodidad de su hogar y de su trabajo, renunciaba a sus descansos semanales, renunciaba al sueño reparador de todos los días, renunciaba a comer tres veces al día un plato de comida caliente, aunque solo fueran tortillitas, arroz y frijoles, renunciaban a disfrutar de sus hijos, padres y esposa, renunciaban a una convivencia con la comunidad social y religiosa, exponía a su familia como objetivos cobardes de la guerrilla como ocurrió en varias ocasiones, se arriesgaban a perder diariamente la vida, a quedar lisiados de forma permanente o a quedar con serios traumas psicológicos de por vida debido a la presión a la que se veían sometidos en combate o en las actividades diarias de entrenamiento, vigilancia o especialización.

Y es que la realidad del hombre de armas es triste, no es como la de los héroes de las películas, no son Rambos que no sufren dolor, cansancio ni consumen alimento alguno, no, son seres humanos que se esfuerzan de manera extraordinaria para enfrentar situaciones de carácter extraordinaria para ser capaces de enfrentar la agresión de un enemigo impredecible como es la forma de actuar de un terrorista.

Domingo Monterrosa cuando decidió seguir la carrera de las armas lo hizo renunciando a una carrera profesional, sacrificando su familia (uno de sus hermanos fue secuestrado por la guerrilla y sus hijos tuvieron que salir del país porque se convirtieron en objetivos claros de los terroristas), su tranquilidad personal ya que fue objeto de varios atentados, pero lo hizo por su profundo amor a la Patria y el sentido de cumplimiento del deber.

Él supo transmitir a sus tropas el deseo de entregarse en cuerpo y alma al servicio del País y de la defensa del pueblo y el pago que han recibido es la indiferencia de aquellos que se beneficiaron del sacrificio que ellos realizaron, porque todos los grandes millonarios y los políticos gozan de buena salud económica por el sudor, las lágrimas y la sangre de los veteranos de guerra, del dolor y las lágrimas de las madres que recogieron el cadáver de sus hijos o una caja sellada en la que creyeron recibirlo, la angustia que sufrían madres, esposas e hijos mientras nuestros soldados estaban de servicio, en fin, la prosperidad de unos pocos está cimentada en el dolor de nuestros soldados que ahora solo reciben mentiras, falsas promesas, golpes, gas lacrimógeno y balas de goma de los que ahora creen ser los dueños del país y que ayer lo destruían sin importar el dolor del pueblo.

Si algo caracterizó a mi Coronel Monterrosa fue el buen trato que daba a sus soldados y su preocupación por lograr siempre mejores condiciones de vida en el cuartel y en el teatro de operaciones.

Sin lugar a dudas, en el cielo mi Charly sigue recibiendo como un padre a cada uno de sus soldados, porque desde el más allá se da cuenta del hambre, las enfermedades, la ausencia de oportunidades y la explotación que sufren la mayoría de veteranos de guerra, quienes con suerte logran un trabajo de vigilante privado en el que muchas veces sufren maltratos, humillaciones y no gozan de prestaciones ni de salarios dignos.

Ojalá los políticos y las autoridades militares comprendan el dolor de los veteranos de guerra y sepan dimensionar el valor de su sacrificio que constituyó la base de la construcción de la actual sociedad salvadoreña.

Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

DOMINGO MONTERROSA ES UN HÉROE

domingo monterrosa berlin usulutan el salvadorEl blog de Domingo Monterrosa no es responsable de la opinión de sus colaboradores y los comentarios de sus visitantes.

Desde la antigüedad, las culturas colocaban junto a los dioses a los héroes. Etimológicamente es difícil encontrar una raíz que devele su significado, pero generalmente los autores coinciden en que héroe es sinónimo de fuerte, poderoso, vigoroso, robusto, noble, digno, majestuoso e inteligente, cualidades por las cuales el héroe se distingue del resto de los hombres y se acerca a los dioses. En otras palabras, se designa con ese nombre a seres extraordinarios dentro de una sociedad o cultura. Seres casi perfectos que se acercan a la divinidad. Son el equivalente a los santos en la Iglesia Católica: personas de virtudes extraordinarias que son dignas de ser venerados e imitados.

Hoy se llama héroe al hombre que se distingue por sus hazañas, por su extraordinario valor, por su abnegación, y se ha inventado la palabra “superhombre” para designarlo.

Las características extraordinarias del héroe nace de dos fuentes: de Dios que las otorga y de la voluntad del hombre que las desarrolla. Una persona puede ser muy inteligente por razones anatómicas, fisiológicas y genéticas, pero si esa inteligencia no se cultiva, de poco sirven esos dones concedidos por Dios.

Domingo Monterrosa desde su infancia se dio cuenta que poseía facultades superiores a las de sus compañeros de juego y de aula, superó situaciones personales y familiares que a otros les hubiera hecho desistir de cualquier esfuerzo y se hubieran condenados a sí mismos a pasar toda su vida en la comodidad del anonimato de la pobreza y la ignorancia.

Al descubrir esas capacidades extraordinarias pudo haber pensado de forma egoísta y dedicarse a otras actividades lucrativas, sin embargo decidió ponerlas al servicio de su Patria, con el sacrificio y el riesgo que esto implicaba.

La vida militar no es, como algunos piensan, una fuente de enriquecimiento fácil y rápido, más bien es una vida de gran sacrificio, en la que se descuidan a la familia, se gana poco, se sufre mucho y se ejercen grandes responsabilidades.

Domingo Monterrosa sabía esto pero no dudó ni un momento en considerar que la Patria es un valor superior a la propia vida personal, y bajo esa perspectiva vivió siempre, por eso nunca conoció el miedo ni puso límites a sus fuerzas ni proyectos.

Por ese amor a la Patria luchaba por acabar con la guerra militarmente en el menor tiempo posible, no por odio a los terroristas sino por amor a su pueblo. Quería regalarle la paz a su gente, y el bienestar y trabajo que esa paz trae consigo.

Domingo Monterrosa se sacrificó a sí mismo por su País, de forma extraordinaria, fuera del común del resto de ciudadanos, que por lo regular velan únicamente por sus propios intereses y no por los demás, lo hizo sin medir las consecuencias, porque los héroes no miden consecuencias ni peligros.

Facultades y extraordinarias y entrega total al ideal del patriotismo convierten a Domingo Monterrosa en un verdadero héroe, en un ciudadano extraordinario, en un soldado ejemplar, en un padre modelo, en un ser extraordinario que Dios coloca solo cada cierto tiempo en los pueblos para recordarnos que la vida sin servicio no tiene sentido.

Cuantas veces he pedido a miembros de la Fuerza Armada que me definan al Coronel Domingo Monterrosa me han dicho sin pensarlo mucho, “Es un héroe”, una frase corta que posee un contenido infinito, héroe es la palabra que lo define y que resume su vida, y que ahora nos llama a tenerlo como ejemplo de entrega a los más preclaros ideales de una Patria que sigue amenazada por aquellos oportunistas que solo buscan su propio enriquecimiento sin importar el daño que provocan.

Domingo Monterrosa vivirá por siempre en la mente y el corazón de los verdaderos salvadoreños.

Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

LA OFENSIVA CONTRA DOMINGO MONTERROSA

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

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Pareciera que desde hace un año las fuerzas apátridas de la izquierda se están confabulando contra la memoria de nuestro héroe Domingo Monterrosa Barrios. Pretenden destruir su legado de heroísmo y su trayectoria llena de honor y lealtad a la institución armada y a la Patria a la que juró defender aun a costa de su propia vida.
El campo de batalla que han escogido los antiguos terroristas es el de la opinión pública a través de la vieja leyenda del Mozote en la que pretenden hacer valer la mentira, que fueron tejiendo a lo largo del tiempo y que muchos ingenuamente se la creyeron con la inversión millonaria que realizaron, llevando y trayendo testigos preparados que juraban haber visto a mi Coronel Monterrosa comandando grupos de soldados asesinos.
El odio que la guerrilla cultivó contra Domingo Monterrosa y el Batallón Atlacatl, producto de su incapacidad de derrotarlos en el campo de batalla, se vieron respaldadas por la actitud cobarde de los gobiernos de turno, que en vez de reivindicar a la institución armada, la humillaron sometiéndola al revisionismo y exhibicionismo que los terroristas exigieron para firmar los llamados acuerdos de paz, quedando ellos como los supuestos héroes del conflicto y en cambio, los hombres que cumplieron su deber constitucional, como los malos de la película.
Ahora que los enemigos de la Patria han llegado al poder, pretenden acabar con la memoria de los héroes de la Fuerza Armada retomando el tema del Mozote, atacando a nuestros héroes y nombrando una Comisión que revisaría la historia de la Fuerza Armada.
¿Cómo pretenden revisar una historia que ya se escribió con la sangre y el sudor de miles de soldados que ofrendaron su vida o lo mejor de su vida en defensa de la soberanía nacional?
El exabrupto de un gobernante con ínfulas de dictador, en medio de un discurso en el que buscó quedar bien con un triste jesuita a quien le debe su carrera de periodista, ahora se pretende traducir en la peor bofetada de la historia a la Fuerza Armada, intentando borrar por decreto el sacrificio de miles de soldados, clases, oficiales y jefes militares que en la guerra impidieron que el comunismo internacional tomara control de la institucionalidad del país.
Esto por supuesto es solo el preámbulo para la reducción y posterior desaparecimiento de la Fuerza Armada, al calificarla como violadora de los derechos humanos y como una institución innecesaria para la existencia de la República y el cumplimiento de los deberes constitucionales del Estado, dejando el País a merced del capricho de los mercenarios que siempre lucharon por asumir el poder y esquilmar a nuestro pueblo.
El problema entonces no solo es del honor de nuestro querido Coronel Domingo Monterrosa, que en sí mismo es suficiente motivo de lucha, sino de institucionalidad y supervivencia de la democracia y de la institucionalidad del País.
El siguiente paso que realizarán los apátridas será una reforma constitucional que elimine el capítulo referente a la Fuerza Armada y el fortalecimiento de una institución más manipulable políticamente como la PNC.
Ha llegado la hora de levantar la voz y combatir frontalmente este intento de desacreditar a nuestros héroes y consecuentemente de toda la Institución Armada, ha llegado la hora en que demostremos con hechos los que estamos con los Héroes de la Fuerza Armada y con la institucionalidad del País, es hora de saber quiénes mantenemos vigente el juramento hecho ante el Pabellón Nacional. Es hora de decir: Firmmm mi Coronel, por la Patria, Vencer o Morir.
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

DOMINGO MONTERROSA: EL SÍMBOLO DEL VETERANO DE GUERRA Y REPRESENTANTE DEL SOLDADO DESCONOCIDO

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Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

El pasado 28 de noviembre la Asamblea Legislativa decretó el 31 de enero de cada año como Día del Veterano de la Fuerza Armada. Dicha fecha coincide con el Parte a la Nación que marcó el fin de la guerra que la gloriosa Fuerza Armada mantuvo contra las fuerzas terroristas del FMLN, que concluyó con los llamados Acuerdos de Chapultepec firmados por Alfredo Cristiani y los comandantes terroristas, los cuales no poseen ningún tipo de base legal, sino únicamente político.

Si bien ese Parte a la Nación puede considerarse un ¡Misión Cumplida! de la Institución Armada, la verdad es que fue el inició del trato más ignominioso que un gobierno civil pudo dar a la institución republicana más antigua de la vida independiente de El Salvador.

El haber pactado con terroristas implicó que se llevara de encuentro al Ejército y a todos sus miembros. Inmediatamente el FMLN empezó a conseguir lo que no logró en el campo militar: se empezó a acusar ignominiosamente a la Fuerza Armada de supuestas violaciones a los derechos humanos, pretendiéndola hacerla pasar de defensora de su pueblo y de la institucionalidad republicana a protagonista de graves actos contra la población civil; se provocó una muerte civil en muchos soldados, clases, oficiales y jefes a través dos comisiones que en teoría buscaron depurar a la Fuerza Armada y buscar culpables de hechos violentos acaecidos durante la guerra.

Se ordenó la desmovilización de los BIRI y de los Cuerpos de Seguridad, dando paso a una policía de carácter civil que 20 años después ha demostrado incapacidad total para combatir las estructuras de la delincuencia común y organizada.

Nos han dedicado un día en que recordamos la vergüenza de la Fuerza Armada, la humillación del Ejército Nacional.

Las grandes naciones dedican un día especial en el año para recordar y agradecer a todos los hombres de armas que han luchado y dado lo mejor de su vida en servicio a los intereses patrios. Por lo regular es un día de asueto en el que se realizan actos especiales y se visitan los monumentos y tumbas de aquellos guerreros que ya pasaron a las filas del Ejército celestial.

Pero en nuestro caso pareciera que solo es un acto político para lograr apoyo de un importante sector de nuestra población como son los veteranos de guerra de la Fuerza Armada y sus familiares, que calculo en medio millón de personas.

¿De qué sirve un día si los derechos fundamentales de los veteranos son burlados constantemente? Es triste constatar que los antiguos comandantes terroristas ahora son grandes empresarios y viven en zonas residenciales exclusivas, mientras los veteranos mueren día a día en espera de un día que nunca llegará en las presentes condiciones, esperando una pensión digna o una oportunidad para ganarse la vida honradamente sin ser explotados por los dueños de las agencias de seguridad.

La figura de Domingo Monterrosa se yergue como el mejor representante de los veteranos de guerra de El Salvador, en primer lugar por ser el mejor soldado jamás salido del seno de la Fuerza Armada, en segundo lugar por haber sabido conjugar su liderazgo, su don de mando, su capacidad física, su capacidad estratégica y su calidad humana. Ningún veterano que tuvo el honor de combatir junto a su lado puede señalar ningún maltrato, abuso, error, acto de corrupción o traición a la patria. Fue soldado desde que prestó su juramento a la bandera hasta el segundo en que entregó su alma al Creador en un acto de cumplimiento del deber. Amó a su tropa como a sus propios hijos y sacrificó todo, y cuando digo todo es todo, para vivir como soldado de honor cada segundo de su vida. Rechazó el poder político y los puestos administrativos en el Ejército para sufrir la guerra en carne propia, para estar con sus soldados, para lograr llevar la paz a su pueblo. Sin embargo, él, como miles de veteranos fueron traicionados por los políticos que lo único que querían era espacio para que se siguiera desarrollando el mercantilismo.

Asimismo, mi Coronel Monterrosa es la personificación del Soldado Desconocido, esa figura que representa a los soldados que no tienen una tumba en que se honre su memoria, por haber desaparecido en acción de guerra o por desconocerse su paradero y que en muchos países ha merecido un monumento con una llama perpetua y hasta guardia de honor.

El Soldado Desconocido representa el sacrificio sin reconocimiento de miles de hombres que ofrendan su vida por los altos intereses de la Patria, muchos de estos héroes quizás nunca dimensionaron su sacrificio, porque simple y sencillamente luchaban por su País sin esperar nada a cambio, y desgraciadamente muchos, al llegar al poder o gozar de los beneficios de ese sacrificio, no lo valoran y dejan en el olvido a estos héroes anónimos, quienes indudablemente recibirán su premio en la Eternidad.

Domingo Monterrosa marcha al frente de estas huestes de héroes anónimos, porque fue el primer soldado en el frente de batalla, el que más riesgo asume, el que sin temor a la muerte va a su encuentro en el cumplimiento del deber.

Si los legisladores estuvieran mejor asesorados se habrían dado cuenta de ese grave error, que por supuesto es posible enmendar con un nuevo decreto legislativo.

Ojalá un día la Nación rinda un merecido homenaje a todos los veteranos y a los soldados desconocidos, a través de un monumento en mármol o bronce con la figura del Tte. Cnel. De Artillería, DEM Domingo Monterrosa Barrios, a la cual podamos llegar a rendir homenaje a los Héroes de la Patria, especialmente el día 23 de octubre

de cada año, fecha ideal para ser declarado Día del Veterano o Día del Soldado Desconocido, o ambas conmemoraciones un una sola ese mismo día.

Sin embargo, lo hagan o no, los que respetamos y veneramos su memoria, seguiremos conmemorando la fecha de su muerte, cada año con mayor solemnidad.

Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro