LA OFENSIVA CONTRA LA EXISTENCIA DE LA FUERZA ARMADA

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Recientemente hemos conocido una pieza de correspondencia en la Asamblea Legislativa, en la que se solicita la desaparición de la Unidad de Apoyo Institucional denominada “Brigada Especial de Seguridad Militar”, compuesta por el Batallón de Protección de Fronteras y el Batallón de Policía Militar, con sede en el antiguo cuartel de la Benemérita Guardia Nacional.

La eliminación del Ejército Nacional es un objetivo no alcanzado por los terroristas del FMLN, de hecho, una de las condiciones que impusieron al gobierno de Cristiani fue la desaparición de los Batallones de Infantería de Reacción Inmediata encabezados por el Batallón Atlacatl, así como los Cuerpos de Seguridad.

El resultado ha sido el desbordamiento de la delincuencia común y organizada y la creación de una policía incapaz de contener la ola delincuencial, y ahora nos enfrentamos a dos maras delincuenciales que manejan al gobierno de turno y le imponen sus condiciones al punto que le han obligado a despejarles zonas de influencia para que puedan seguir extorsionando a sus anchas en la connivencia de un gobierno de incapaces y cobardes.

A toda esa desgracia se une la sorpresa que los antiguos terroristas pretenden iniciar un paulatino proceso de eliminación, por decreto legislativo, de las distintas unidades militares, hasta dejar a la Fuerza Armada a su mínima expresión a fin de hacerla desaparecer con una reforma constitucional.

La Fuerza Armada es la única institución gubernamental que todavía mantiene la credibilidad entre los distintos sectores de nuestro pueblo. La gente sigue confiando en nuestra Fuerza Armada como lo hizo durante la guerra, y lo que en el fondo se pretende es que se quiere eliminar el brazo armado del pueblo que es el único que puede vigilar las condiciones mínimas de subsistencia de la República.

Por eso se pretende manipular su historia y eliminar a sus héroes, por esos se vive vilipendiando a sus principales comandantes para justificar sus rastreras intenciones.

Cuando Arce pronunció su famosa frase “El Ejército vivirá mientras viva la República”, no fue una simple frase retórica, fue un mandato al naciente ejército nacional, un mandato de preservar la esencia de la vida republicana, la democracia, la libertad y el estado de derecho.

A nadie le ha costado la República como al Ejército, nadie ha puesto una cuota tan grande en vidas humanas como la Fuerza Armada, nadie ha amado tanto a la Nación como los elementos que han ofrendado su vida en el cumplimiento de su juramento a la Bandera Nacional.

Por ello los enemigos de la República, que ahora pretenden reformar las normas pétreas de la Constitución, quieren eliminar al Ejército, porque en Él encuentran el único escollo para alcanzar sus más indignos intereses.

Desgraciadamente, muchos políticos se prestan a ese juego demoníaco sin darse cuenta del daño que le pueden provocar al País.

Esto nos obliga, a los que una vez portamos con orgullo el uniforme del soldado salvadoreño, a levantar nuestra voz con toda la fuerza de nuestra alma, para impedir estos actos de alta traición a la Patria y respaldar a los actuales miembros de la Fuerza Armada para que defiendan con valentía e hidalguía el mandato que recibieron del primer comandante del Ejército y sobre todo, el mandato emanado de la Constitución de la República.

Por eso los enemigos de la Patria buscaron siempre eliminar a Domingo Monterrosa, porque hombres de su talante nunca hubieran permitido que se salieran con la suya, antes bien, hubieran sido destruidos y eliminados de la faz de la Nación.

Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

MENSAJE DEL CORONEL MONTERROSA BARRIOS A LOS VETERANOS DE GUERRA DE LA FUERZA ARMADA

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

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Queridos Veteranos de Guerra:

En esta primera celebración del Día del Veterano de la Fuerza Armada, deseo enviarles mis saludos desde la eternidad, en la que nunca he dejado de ser soldado del glorioso Ejército Salvadoreño.

Haber logrado el reconocimiento legislativo de este día, que recuerda el esfuerzo, el sudor, las lágrimas, la sangre y el dolor que todos nosotros ofrecimos en el altar de la Patria en favor de nuestro pueblo y de la liberación de la opresión de la amenaza comunista que se cernía sobre nuestra Patria, es un primer paso en la lucha por la dignificación de todos nuestros compañeros de armas.

Nadie como los soldados de la Fuerza Armada ha dado una cuota de sacrificio en la construcción de la República. Durante la guerra, la esperanza de nuestro pueblo se mantenía en alto porque sabían que los soldados de la Fuerza Armada eran capaces de entregar hasta la propia vida por asegurar la libertad y el progreso de los verdaderos salvadoreños.

Solo nosotros sabemos lo que es el fragor del combate, lo que significa el miedo que es superado por el coraje y la preparación técnica con el que instruíamos a todas nuestras unidades.

Ni el hambre, ni el sueño, ni el cansancio, ni la soledad, ni la muerte, ni el dolor fueron capaces de hacernos retroceder en el cumplimiento de la misión que nos fue conferida el día de nuestro juramento ante la Bandera nacional.

Nuestros hombres pusieron la mayor cuota de sangre y dolor entre los 75,000 muertos del pasado conflicto, sin contar todos los miembros de la institución armada que fueron asesinados cobardemente por los terroristas desde el año de 1972.

Desde la Guerra por la Dignidad Nacional aprendimos que la vida militar se vivía con honor, se luchaba con honor y se moría con honor. Nunca rehuimos el combate en defensa de la institucionalidad nacional y la salvaguarda de nuestros compatriotas.

Fuimos víctimas de miles de mentiras del comunismo internacional, nos vilipendiaron, nos difamaron, nos apresaron a muchos compañeros por haber cumplido con el deber, y al final del conflicto, unos cuantos políticos brindaron en los festejos privados mientras los veteranos fueron humillados y despedidos como obreros inservibles, sin haber tenido ni siquiera la alegría de un homenaje nacional o el resarcimiento económico que cualquier trabajador recibe cuando concluye sus servicios.

Los representantes del pueblo los desmovilizaron con vergüenza, sin el honor que se merece un héroe de la Patria. Nos empezaron a tratar de asesinos, de genocidas, de torturadores, de violadores de los derechos humanos y nadie reconoció el valor y el heroísmo de nuestras tropas.

Yo doy fe del valor y del heroísmo con el que mis soldados lucharon a mi lado en el Batallón Atlacatl y en la Tercera Brigada de Infantería, así como otros tantos que operaron junto a mis unidades o nos apoyaron en los distintos operaciones o incursiones en las madrigueras enemigas, muchos de ellos, ofrendando su vida hasta el límite del dolor por la libertad y la soberanía nacional.

Junto a ellos combatí, caminé, maniobré, salté, retrocedimos y siempre avanzamos, fuimos heridos, sufrimos el hambre, el fragor del combate, la traición, la incomprensión y el amor de nuestro pueblo cuando lográbamos arrebatar a los terroristas los distintos pueblos en las zonas de combate.

Para nosotros, portar el uniforme del ejército era un privilegio y un orgullo, mancharlo de lodo o de sangre nos era indiferente porque solo pensábamos en cumplir nuestro deber.

En muchas batallas amanecíamos y anochecíamos sin probar alimento y a veces ni siquiera agua, pero nunca abandonamos las posiciones ni renunciábamos a los objetivos estratégicos que nos imponíamos.

No existía ninguna situación que no pudiéramos superar, o misión que no pudiéramos alcanzar, con o sin apoyo aéreo o de artillería, nuestra capacidad de maniobra y de fuego puso siempre en desbandada a los terroristas.

¡¡¡Soldados salvadoreños!!! Ustedes nunca dejarán de ser soldados de la Patria, y por ello siempre tienen entre sus manos y corazones la misión de salvar a la Patria cuando fuerzas extrañas pretendan mancillar la soberanía nacional, nuestras tradiciones, nuestros valores y nuestra historia. Nuestra lucha no ha terminado, hasta el último aliento de vida tienen que luchar por nuestros ideales que son los ideales de la Patria.

Tras ustedes se encuentran las tumbas de nuestros camaradas que ya se han reagrupado a mi alrededor aquí en el cielo, y ese sacrificio no puede quedar en vano. Por su memoria y por esa sangre que bañó toda nuestra Patria, tenemos que levantar nuestra voz para alcanzar los derechos que la sociedad está en deberle a cada uno de ustedes y para recordarle a los políticos que la Patria en libertad que les heredamos no es propiedad de nadie y que ningún intento de manipular el régimen constitucional quedará sin castigo, que aunque los años han pasado todavía poseemos el valor de dar la vida por la Patria.

Soldados, desde la tierra prometida seguiré observando y apoyando sus luchas, que son las luchas de los verdaderos patriotas, de los hombres que aman de verdad a su Patria, no de los mercenarios que son capaces de vender hasta a su madre por intereses externos y contrarios a nuestra democracia.

Adelante soldados, la lucha será larga y ardua, pero al final recibirán la corona de la gloria y el honor.

¡¡¡Por la Patria y con Dios!!!

(Sgto. Guido Miguel Castro)

DOMINGO MONTERROSA: EL SÍMBOLO DEL VETERANO DE GUERRA Y REPRESENTANTE DEL SOLDADO DESCONOCIDO

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Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

El pasado 28 de noviembre la Asamblea Legislativa decretó el 31 de enero de cada año como Día del Veterano de la Fuerza Armada. Dicha fecha coincide con el Parte a la Nación que marcó el fin de la guerra que la gloriosa Fuerza Armada mantuvo contra las fuerzas terroristas del FMLN, que concluyó con los llamados Acuerdos de Chapultepec firmados por Alfredo Cristiani y los comandantes terroristas, los cuales no poseen ningún tipo de base legal, sino únicamente político.

Si bien ese Parte a la Nación puede considerarse un ¡Misión Cumplida! de la Institución Armada, la verdad es que fue el inició del trato más ignominioso que un gobierno civil pudo dar a la institución republicana más antigua de la vida independiente de El Salvador.

El haber pactado con terroristas implicó que se llevara de encuentro al Ejército y a todos sus miembros. Inmediatamente el FMLN empezó a conseguir lo que no logró en el campo militar: se empezó a acusar ignominiosamente a la Fuerza Armada de supuestas violaciones a los derechos humanos, pretendiéndola hacerla pasar de defensora de su pueblo y de la institucionalidad republicana a protagonista de graves actos contra la población civil; se provocó una muerte civil en muchos soldados, clases, oficiales y jefes a través dos comisiones que en teoría buscaron depurar a la Fuerza Armada y buscar culpables de hechos violentos acaecidos durante la guerra.

Se ordenó la desmovilización de los BIRI y de los Cuerpos de Seguridad, dando paso a una policía de carácter civil que 20 años después ha demostrado incapacidad total para combatir las estructuras de la delincuencia común y organizada.

Nos han dedicado un día en que recordamos la vergüenza de la Fuerza Armada, la humillación del Ejército Nacional.

Las grandes naciones dedican un día especial en el año para recordar y agradecer a todos los hombres de armas que han luchado y dado lo mejor de su vida en servicio a los intereses patrios. Por lo regular es un día de asueto en el que se realizan actos especiales y se visitan los monumentos y tumbas de aquellos guerreros que ya pasaron a las filas del Ejército celestial.

Pero en nuestro caso pareciera que solo es un acto político para lograr apoyo de un importante sector de nuestra población como son los veteranos de guerra de la Fuerza Armada y sus familiares, que calculo en medio millón de personas.

¿De qué sirve un día si los derechos fundamentales de los veteranos son burlados constantemente? Es triste constatar que los antiguos comandantes terroristas ahora son grandes empresarios y viven en zonas residenciales exclusivas, mientras los veteranos mueren día a día en espera de un día que nunca llegará en las presentes condiciones, esperando una pensión digna o una oportunidad para ganarse la vida honradamente sin ser explotados por los dueños de las agencias de seguridad.

La figura de Domingo Monterrosa se yergue como el mejor representante de los veteranos de guerra de El Salvador, en primer lugar por ser el mejor soldado jamás salido del seno de la Fuerza Armada, en segundo lugar por haber sabido conjugar su liderazgo, su don de mando, su capacidad física, su capacidad estratégica y su calidad humana. Ningún veterano que tuvo el honor de combatir junto a su lado puede señalar ningún maltrato, abuso, error, acto de corrupción o traición a la patria. Fue soldado desde que prestó su juramento a la bandera hasta el segundo en que entregó su alma al Creador en un acto de cumplimiento del deber. Amó a su tropa como a sus propios hijos y sacrificó todo, y cuando digo todo es todo, para vivir como soldado de honor cada segundo de su vida. Rechazó el poder político y los puestos administrativos en el Ejército para sufrir la guerra en carne propia, para estar con sus soldados, para lograr llevar la paz a su pueblo. Sin embargo, él, como miles de veteranos fueron traicionados por los políticos que lo único que querían era espacio para que se siguiera desarrollando el mercantilismo.

Asimismo, mi Coronel Monterrosa es la personificación del Soldado Desconocido, esa figura que representa a los soldados que no tienen una tumba en que se honre su memoria, por haber desaparecido en acción de guerra o por desconocerse su paradero y que en muchos países ha merecido un monumento con una llama perpetua y hasta guardia de honor.

El Soldado Desconocido representa el sacrificio sin reconocimiento de miles de hombres que ofrendan su vida por los altos intereses de la Patria, muchos de estos héroes quizás nunca dimensionaron su sacrificio, porque simple y sencillamente luchaban por su País sin esperar nada a cambio, y desgraciadamente muchos, al llegar al poder o gozar de los beneficios de ese sacrificio, no lo valoran y dejan en el olvido a estos héroes anónimos, quienes indudablemente recibirán su premio en la Eternidad.

Domingo Monterrosa marcha al frente de estas huestes de héroes anónimos, porque fue el primer soldado en el frente de batalla, el que más riesgo asume, el que sin temor a la muerte va a su encuentro en el cumplimiento del deber.

Si los legisladores estuvieran mejor asesorados se habrían dado cuenta de ese grave error, que por supuesto es posible enmendar con un nuevo decreto legislativo.

Ojalá un día la Nación rinda un merecido homenaje a todos los veteranos y a los soldados desconocidos, a través de un monumento en mármol o bronce con la figura del Tte. Cnel. De Artillería, DEM Domingo Monterrosa Barrios, a la cual podamos llegar a rendir homenaje a los Héroes de la Patria, especialmente el día 23 de octubre

de cada año, fecha ideal para ser declarado Día del Veterano o Día del Soldado Desconocido, o ambas conmemoraciones un una sola ese mismo día.

Sin embargo, lo hagan o no, los que respetamos y veneramos su memoria, seguiremos conmemorando la fecha de su muerte, cada año con mayor solemnidad.

Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

MENSAJE DESDE LA ETERNIDAD DEL CORONEL DOMINGO MONTERROSA

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

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“Soldados!!, Pueblo salvadoreño!!
Desde este lugar de felicidad eterna quiero enviarles un mensaje en este día en que las familia recuerdan a sus seres queridos y las sociedades deberían recordar a sus héroes, en cuya sangre se sostienen los fundamentos del Estado moderno.
Cuando uno rinde cuentan ante el Creador, solo puede anteponer el honor y las buenas obras. A lo largo de mi vida traté de prepararme para ese momento supremo al que irremediablemente nos dirigimos todos, un destino que ya está escrito y que depende de nosotros se escriba con gloria o con ignominia.
Traté en la medida de mis posibilidades de ser un buen hijo, un buen hijo de Dios, un buen padre, un buen esposo y sobre todo un buen soldado, porque esto último resume todo lo anterior.
Busqué, con todas mis fuerzas hacer bien las cosas, en mis estudios y en mi formación militar traté de ser el mejor, no por soberbia personal, sino porque era mi deber responder de esa manera a al esfuerzo que mis padres hicieron siempre por sostener mi formación profesional y porque ellos mismos me enseñaron con el ejemplo el concepto del honor que fue siempre una guía que condujo toda mi vida hasta que tuve el honor de ofrendar mi vida por los más altos intereses de la Patria, quizás hoy sería un viejo militar retirado, rodeado de mis nietos, quizás con algunas comodidades y muchas historias de guerra que contar, pero el Señor me permitió inmerecidamente ser de los soldados privilegiados que hemos tenido el honor de ofrecer nuestra vida por la Patria en cumplimiento del juramento que un día hicimos al iniciar nuestra formación militar.
Cuando ejercí mi papel como oficial o jefe militar, no lo hice por odio sino en cumplimiento de mi deber, como cada persona debe hacerlo desde cualquier profesión u oficio, hacer bien las cosas y hacer el bien a todo el que se pueda fue siempre mi filosofía de vida.
Quienes siempre me han criticado son precisamente aquellos contra quienes descargué la fuerza del cumplimiento del deber como militar, los enemigos de la Patria, de la paz y de la democracia.
Desde este lugar de paz, me doy cuenta que la guerra no finalizó como debió finalizar, sino que el mal que pretendíamos erradicar se transformó y tomó formas engañosas para confundir al pueblo y cumplir de otra manera sus insidiosas ambiciones, presentándose como ovejas los que en realidad son chacales sanguinarios.
La paz por la que luchamos en el campo de batalla no pudimos llevarla a los hogares salvadoreñas, y por el contrario, ahora mi pueblo se enfrenta a una violencia social tan o más mortal que la de la guerra. En el conflicto había un promedio de 8 muertos diarios, ahora han llegado a 31 con un promedio de 14 salvadoreños asesinados por ese nuevo enemigo que la Fuerza Armada debería haber eliminado hace tiempo.
Ahora, desde la eternidad, solo podemos brindarle a nuestro Pueblo y a la Fuerza Armada, nuestro ejemplo y la historia que escribimos con nuestra propia sangre. Pero están ustedes, civiles y militares, que deben cumplir con su deber con el mismo ardor con el que yo combatía, con la misma valentía y arrojo con el que mis soldados cumplieron su deber a la par mía, con el mismo honor con el que me conduje a lo largo de mi vida.
Desde la eternidad, donde formo parte del Ejército que ha reunido a todos los soldados salvadoreños caídos con honor en el cumplimiento del deber, invito al pueblo salvadoreño a confiar en la Fuerza Armada y a que asuman su papel en la sociedad para lograr la paz tan anhelada en la que los enemigos de la democracia no tengan cabida y que el Estado de Derecho prevalezca sobre cualquier interés mezquino. A los profesionales de las armas les llamo a asumir el significado de su juramento a la bandera y a no temer ofrendar su vida por ella porque el premio es superior a cualquier bien terrenal. La gloria de los héroes es la mayor aspiración de un verdadero guerrero.
Es en la eternidad donde nos reagrupamos los soldados de la Patria, a todos los veteranos les digo que su sacrificio no ha caído en saco roto. Quizás ahora tengan que mendigar beneficios, pero su sacrificio ya compró un sitial de honor en la gloria del cielo, Dios no olvida lo que ustedes hicieron por nuestra amada Patria, la única en el mundo que lleva el nombre del Hijo de Dios.
Adelante soldados, adelante patriotas, la batalla apenas comienza, son muchas las posiciones que tienen que alcanzar y defender, pero sepan que en cada trinchera, en cada disparo, en cada arrastre, en cada objetivo alcanzado, en cada obstáculo superado, yo estaré junto a ustedes, sufriendo a la par suya como lo hice en vida, y un día la victoria la celebraremos todos como en los viejos tiempos.
Los espero y no olviden, al entrar en el cielo, blandir por lo alto las armas de la verdad y del honor. Por la Patria y con Dios. Carlos.”

DOMINGO MONTERROSA 28 AÑOS DESPUÉS

domingo monterrosa

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Un día como ahora El Salvador enmudeció al final de la tarde cuando las distintas cadenas radiales empezaron a transmitir la terrible noticia que los Coroneles Monterrosa y Calito junto al Mayor Azmitia, elementos de tropa, pilotos, periodistas, un sacerdote y su sacristán habían perecido en un terrible accidente aéreo en los alrededores de Joateca.

Había muerto el mejor comandante de campo, como calificó el Ingeniero Duarte al Coronel Monterrosa, junto a varios de los mejores jefes militares durante la operación Torola IV que pretendía limpiar definitivamente el departamento de Morazán.
Como era evidente, la moral de la tropa cayó momentáneamente aunque después Monterrosa fue su inspiración en el combate.
28 años después las cosas no han cambiado en El Salvador, la paz por la que tanto luchó nuestro héroe nunca llegó porque los antiguos enemigos de la Patria siguen queriendo destruirla, ahora bañados y perfumados desde el gobierno central, los curules de la Asamblea Legislativa y de los títeres que bailan al son de los albapetrodólares, y además, vivimos en una guerra peor que la de los años ochenta, una guerra social en la que las mafias están compitiendo con el Estado por territorio, dominio armado y rentas o extorsiones.
Nos encontramos con una Fuerza Armada castrada del valor y el heroísmo con el que actuaron los hombres de uniforme que salvamos a este País del comunismo internacional. El pago fue la traición de un gobierno que entregó a muchos jefes, oficiales, clases y elementos de tropa para quienes el cumplimiento del deber se convirtió en un delito solo por petición de aquellos a quienes habían combatido por ser agresores de la Patria y pos sus socios internacionales.
En cambio los enemigos de la democracia fueron premiados con tierras, jugosas cuentas bancarias, negocios, viajes y puestos en el gobierno, mientras los veteranos de guerra, los hijos de mi Coronel Monterrosa siguen mendigando una justa indemnización.
28 años después la pobreza sigue campeando en el campo, tal como la observó mi Coronel cada vez que hablaba con la gente, porque pareciera que doce años de guerra y más de 100,000 muertos no sirvieron de nada.
28 años después la lucha de Domingo Monterrosa no ha sido reconocida en su plenitud porque sus enemigos han tenido más estrados que los que reconocemos sus virtudes y valores. Por ello tenemos que elevar la voz, con voz de mando para gritar a los cuatro vientos que Monterrosa Vive!!!!!, que Monterrosa vive en el recuerdo y en el corazón de los verdaderos salvadoreños, que Monterrosa sigue aterrorizando a los delincuentes terroristas, por eso pretenden declararlo muerto, por eso se pretenden agenciar la autoría de su muerte, y no se dan cuenta que los héroes nunca mueren, que los valientes son inmortales porque son almas privilegiadas por Dios, porque para ellos la muerte es solo una puerta para llegar a la exaltación junto a Dios!!!
Pobres ignorantes los que pretenden matar al soldado inmortal en cada discurso o en cada remedo de artículo que escriben.
No en balde gozaba tanto del salto en paracaídas, porque esa sensación de libertad que sentimos en la caída solo la sienten los águilas y las almas libres, cada salto era un preludio de su destino final en la eternidad.
Domingo Monterrosa sigue viviendo entre nosotros, cada vez que luchamos por la verdad, cada vez que elevamos la voz contra la injusticia, cada vez que defendemos a la Institución Armada, cada vez que defendemos a los veteranos de guerra, cada vez que recordamos los actos de heroísmo en defensa de la Patria, cada vez que luchamos por la democracia, cada vez que denunciamos la corrupción, cada vez que defendemos la institucionalidad democrática, cada vez que actuamos con honradez, Domingo Monterrosa sigue viviendo con más fuerza, con más dignidad, con más hidalguía, con más valor, Monterrosa sigue viviendo!!!!
Las lágrimas ya fueron enjugadas de nuestros rostros, el dolor ha pasado, porque ahora vivimos con la firme convicción de la inmortalidad de Domingo Monterrosa en el verdadero pueblo salvadoreño, hemos entendido la misión que nos ha encomendado desde el más allá: continuar con las batallas que no pudo combatir, con sus mismas armas, las de la verdad y del patriotismo, nos manda salvar definitivamente a ese El Salvador con el que siempre soñó, un país en paz y progreso como el que él vivió en el Berlín de los años cincuenta.
Un día nos reagruparemos en el cielo y le daremos parte de la misión cumplida, le relataremos nuestras estrategias de combate, le reportaremos nuestro Orden de Batalla en esta vida y contaremos con su mano amiga sobre nuestro hombro como acostumbraba a hacerlo con sus elementos de tropa.
Parece ayer que ahogabamos nuestro llanto en esa tarde del 23 de octubre de 1984, pero ahora como hombres seguimos avanzando hasta conquistar la posición que nuestro Comandante nos ha mandado tomar, la cima de la Dignidad Nacional.
A los actuales hombres de uniforme les cabe la misión de tomar el ejemplo de Domingo Monterrosa, para ser militares de honor, para ser verdaderos patriotas, paras reivindicar la dignidad de la Fuerza Armada, para dignificar a todos los héroes que regaron la campiña salvadoreña con su sangre, para edificar la carrera militar, para velar por la institucionalidad y la soberanía nacional, para constituirse en el verdadero brazo armado del pueblo.
Finalmente a los gobernantes de hoy y mañana les advertimos que no se atrevan a pretender menoscabar la memoria de nuestros héroes poruqe cada día habrán nuevas voces que se elevarán en defensa de la memoria histórica de nuestra Fuerza Armada.
Un día se elevará en una plaza importante un monumento eterno a la memoria de Domingo Monterrosa, un monumento al héroe nacional, al soldado desconocido que ha ofrendado la vida desde 1824 para construir la nación que tenemos que seguir defendiendo, y las futuras generaciones conocerán la vida y seguirán el ejemplo del Teniente Coronel DEM Domingo Monterrosa Barrios.
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

DOMINGO MONTERROSA REFUNDO EL EJÉRCITO

Foto El Diario de Hoy

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La muerte heroíca de Domingo Monterrosa el 23 de octubre de 1984 marcó un antes y un después en el Ejercita Nacional.
Ningún militar salvadoreño que se precie de serlo puede ignorar la figura heroíca de Monterrosa Barrios.
Con cualquier oficial que se hable de mi Coronel, tiene a flor de labios el adjetivo de “héroe”, nadie lo puede calificar de otra forma, solo los terroristas y sus sobalevas.
Ser como el Coronel Monterrosa es la meta de cualquier militar que ame entrañablemente la carrera de las armas, emularlo, imitarlo, seguir su ejemplo, vivir sus principios y valores es el objetivo de cualquier caballero cadete.
También lo es de cualquier paracaidista o soldado de fuerzas especiales, ya que él fue el fundador de este tipo de unidades en el país, tanto el Escuadrón Aerotransportado como el legendario Batallón Atlacatl.
Su entrega, arrojo, valentía y concepto del cumplimiento del deber es modelo a seguir por cualquier comando salvadoreño, porque aunque no existe un conflicto declarado, los enemigos de la Patria se encuentran agazapados buscando el momento preciso para lanzar su ataque apátrida contra los más preciados intereses de la Patria, y el comando de fuerzas especiales está listo las veinticuatro horas del día y los trescientos sesenta y cinco días del año para entregarlo todo, hasta su propia vida, por defender la Patria por la que un día juramos Vencer o Morir.
Cómo quisieramos muchos tener la fuerza y la hagilidad de nuestros años mozos para reingresar a nuestra querida Fuerza Armada, como quisieramos portar con dignidad nuevamente el uniforme que distingue al soldado nacional, llevar el M-16 en nuestras manos o el G-3 A2 de los paracaidistas de antaño, camuflajear nuestros rostros y equipos y salir a la cacería de los delincuentes terroristas, ser aerotransportados en los UH o lanzarnos al vacío en salto de combate para sorprender al enemigo, parapetarnos con el M.14 y lanzar tiros certeros como francotiradores, montar emboscadas por horas y días y golpear el corazón del enemigo. Pero la realidad es otra y el paso inexorable del tiempo hacen mella en nuestros cuerpos, pero la puntería no la hemos perdido ni el valor y el arrojo que nos llevaría a defender nuevamente a la Patria.
Por eso usamos ahora nuestro intelecto y nuestra pluma, para que las nuevas generaciones de soldados, clases, jefes y oficiales vuelvan a vivir con esos ideales que luchamos los que salvamos a nuestro País de la opresión comunista, de los que vimos derramada la sangre de nuestros compañeros y la nuestra en medio del fragor del combate.
La nueva Fuerza Armada debe surgir según el modelo del soldado Monterrosa Barrios, porque antes que un jefe fue un soldado y nunca lo dejó de ser, nunca olvidó su juramento y cumplió a costa de su propia vida.
Si un hombre de uniforme no está dispuesto a seguir los pasos de Domingo Monterrosa mejor sería que lo entregara antes que lo profanara con una traición a los más altos ideales de la Patria.
No está lejano el día en que Monterrosa sea considerado el procer de los nuevos tiempos, el refundador de la Fuerza Armada que junto al General Arce gritan desde la eternidad una nueva frase; la República vivirá mientras viva el Ejército
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

NO SE DEBE LLORAR A LOS VALIENTES

La siguiente es una nota editorial publicada en el periódico El Diario de Hoy en octubre de 1984. El autor es el señor Rafael Moreno Guillén y en ella se hace alusión a la trágica muerte de los Héroes de Joateca. El mensaje de esta nota es la de seguir ejemplo de los valientes y no llorarlos pero además se habla de un elemento táctico que en la época del conflicto utilizaban los que estaban en contra de la democracia: aislar a los gobiernos democráticos, destruir su reputación y debilitar su posición internacional. Vale la pena comentar que en esta época lo importante es unirse, fortalecerse y mantener vivos los ideales de libertad y democracia que motivaron a los valientes héroes de la Fuerza Armada de El Salvador.

No se debe llorar a los valientes
Por Rafael Moreno Guillén

No conocía personalmente a los oficiales Monterrosa y Calito, ni a ninguno de los que murieron en el cumplimiento de su deber pero se, como lo sabe todo el pueblo, que amaban a su Patria, que eran extraordinarios militares y que defendían y ganaban una guerra.
Pero bien, no se debe llorar a los valientes porque son hombres escogidos por Dios, para cumplir sus designios. Su ejemplo espartano debe servirnos de acicate para luchar con nuestras fuerzas y recursos al lado de quienes dan su vida por vencer al comunismo.

Los civiles debemos aceptar este compromiso en forma activa y no solo sentarnos a esperar que los militares por si solos, ganen la guerra que amenaza nuestra libertad.
Las víctimas civiles y militares de los ataques terroristas sucedidos después de la reunión de La Palma, son el resultado de la perversidad y traición de los comunistas, habituados a usar las platicas de paz como una estrategia de paz y guerra: siempre van a dialogar con una variedad infinita de engaños y cuando hablan de paz, son maestros en el arte de atraer a los desprevenidos.
Nuestro pueblo desconoce las tácticas comunistas puestas en práctica para destruir su moral y solo siente los efectos de destrucción y muerte que la causa la guerrilla. Esto es peligroso porque un pueblo puede caer en las garras del totalitarismo si no esta debidamente informado del peligro de hacer una paz negociada con el terror.
Es necesario saber que esperar resultados concretos de los diálogos con ellos, es nada más una ilusión porque buscan porque lo que buscan con estos diálogos es crear – más bien que resolver problemas.
Hay un refrán chino: “Cuando un comunista te da la mano derecha, cuidate del golpe que te dará con la izquierda”.
Eso es lo que esta pasando, recibimos ahora los efectos de las tácticas comunistas del doble juego que recomienda Mao: hablar, hablar, pelear, pelear y hablar miestras se pelea.
Las propuestas de los comunistas varían de acuerdo a su estrategia política militar: a veces parecen razonables pero en si mismas son trampas, que los cabecillas no tienen en el fondo deseos de abandonar sus planteamientos originales de obtener el poder total y sobre esto no harán nunca ninguna variación o concesiones: los últimos cables internacionales demuestran eso. Su lucha política es la de aislar a los gobiernos democráticos, destruir su reputación y debilitar su posición internacional para de este modo ganarse la compasión de Estados Unidos y Europa, presentándose como reformadores social-demócratas.
Pensar que un dialogo es el comienzo de la pacificación del país no es cierto; lo único que se conseguirá es darle un nuevo giro a la lucha desde otra posición mejorada – política y militarmente – para los comunistas con el agravante de que introducen al mismo tiempo el desaliento y derrotismo.
Los soldados muertos en acción, pueden presentarse ante la Patria y decirle: Le informo, Señor…Misión Cumplida!
No lloremos la muerte de los valientes, sigamos su ejemplo.