Parte al Coronel Monterrosa

Respetuosamente damos parte a usted, que seguimos manteniendo en alto sus ideales de paz y libertad para el pueblo salvadoreño, que la mística y la valentía del soldado “Atlacatl”, que dejo establecidas en esta unidad se mantiene y aumenta cada día, siguiendo sus principios y acatando sus lineamientos, sin importar el sacrificio a que nos vemos sometidos.

Sabemos que donde se encuentra, está al mando de los soldados “Atlacatl”, que como usted, se nos han adelantado en alcanzar esa gloria inmortal que significa morir por la patria.

Manténgase tranquilo “Charlie”, que su querido Batallón  “Atlacatl” vibra siempre animoso para el combate contra los malos salvadoreños, ya que animados por su espíritu guerrero, combatimos y seguiremos combatiendo hasta alcanzar esa paz que tanto desea el pueblo y la cual era uno de sus más caros anhelos.

No omitimos manifestarle que seguiremos cultivando la mística, la disciplina, el coraje y la valentía que nos enseño a mantener, como las premisas que deben distinguir y caracterizar a un soldado del BIRI “Atlacatl”.

A los cuatro años de su partida, resuenan en nuestros corazones y nuestras mentes, sus proféticas palabras “prometí cumplir y cumpliré”, las cuales mantienen su vigencia y valor desde el momento que nos las hizo vivir con el ejemplo; lo cual solo un comandante de su casta hace prevalecer ante sus hombres.

Por la Patria  y con Dios…”Atlacatl”

23/oct/1988

Del libro Batallón Atlacatl. Genesis y Ocaso

 

MONTERROSA ES EL SÍMBOLO DEL VERDADERO PUEBLO SALVADOREÑO

El Teniente Coronel Domingo Bonterrosa Barrios es la síntesis y el símbolo del verdadero pueblo salvadoreño, ya que resume en su persona y en su espíritu la historia y la gloria de un pueblo, la valentía y el honor, la garra y el coraje del espíritu salvadoreño que nunca se ha acobardado ante las viscicitudes de la vida y de la historia.

En su sangre se unieron la hidalguía indígena y la nobleza española, su carácter era el de los antiguos caballeros medioevales para quienes el honor determinaba su vida, y por otra parte encarnó la valentía del indígena que en total desigualdad de condiciones se enfrentó a las armas de fuego y fue capaz de herir al propio Alvarado dejándolo cojo para toda su vida.
Monterrosa amaba profundamente a su pueblo y se compadecía de él porque venía de allí. Jugó, estudió, lloró y gozó en las empedradas y polvosas calles de Berlín, se educó con los del pueblo, y cuando volvió, lo hizo para liberarlo del yugo comunista que lo mantenía esclavizado en los enclaves guerrilleros, prezas del miedo y bajo la amenaza de muerte.
Nunca dirigió su fusil contra el pueblo, solo contra los enemigos del pueblo, se sacrificó hasta derramar la última gota de sangre, sabía que lo haría y no rehuyó de la muerte, más bien salió a su encuentro porque los seres eternos saben que la muerte solo es el principio de la felicidad.
Monterrosa nunca perdió la humildad que caracteriza al hombre del pueblo, nunca se avergonzó de su origen, nunca se enriqueció ilícitamente, lo sirvió hasta el extremo de dar la vida, la dió como quien entrega lo que no es suyo, porque como buen paracaidista, sabía que el verdadero reagrupamiento es en el cielo, no en la tierra.
Algún día la historia sabrá reconocer las virtudes de “Carlos”, algún día se erigirán monumentos hasta donde libremente podremos recordarlo los que lo admiramos y amamos de verdad, algún día la nación sabrá agradecerle todo el bien que le hizo, porque en los días más aciagos del conflicto, él supo dar la mayor cuota de sacrificio del ejército, dirigió a los mejores soldados porque él era el mejor soldado que ha parido el Glorioso Ejército Nacional.
¡Loor al único heredero legítimo de Arce y Barrios!
¡Gloria al Hijo Meritísimo de la Patria!
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro