DOMINGO MONTERROSA Y LA COMUNICACIÓN

Foto El Diario de Hoy

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Un elemento fundamental para un líder es la comunicación, con su tropa, con el pueblo y con sus superiores.

La comunicación es el medio de transmisión de los pensamientos a otras personas, ya que el pensamiento es un acto íntimo que solo puede ser conocido por quien lo realiza y Dios.

El pensamiento es la confrontación de la realidad con los principios y virtudes arraigadas en la mente y la conciencia del que piensa.

En ese sentido, la guerra era vista desde distintas perspectivas por sus actores, para los mercaderes de la guerra ésta era una mercancía, para los idealistas era un medio para acceder al poder y para un soldado profesional como Monterrosa era un problema con el que había que acabar rápidamente porque la gente del pueblo era la que estaba sufriendo.

Monterrosa transmitía esos sentimientos a sus soldados y les enseñaba que tenían que cumplir con su deber con honor, con hidalguía, con valor y con sentido de unidad, de solidaridad entre ellos, les inspiraba un sentido de familia donde él era el padre.

Ahí residía su éxito en las unidades que dirigía, porque no solo sabía transmitir esta forma de pensar y de sentir, sino que luchaba a la par de sus hijos, comía con ello lo que ellos comían, dormía junto a ellos, caminaba junto a ellos, los evacuaba personalmente, se preocupaba de su situación personal, trabajaba porque tuvieran mejores condiciones de vida que otras unidades militares, sufría con ellos, operaba con ellos en la primera línea de fuego y celebraba las victorias con ellos y no en el pabellón de oficiales. Sabía transmitir las órdenes a toda la línea de mando y se entendía a la perfección con sus oficiales, sus asistentes y su piloto.

Cuando se dirigía a la gente lo hacía en un lenguaje fácil de entender, les hablaba con la verdad para combatir las mentiras que los terroristas habían tratado de hacerles creer. La gente se identificaba con él, lo ayudaban y él les correspondía, nunca se aprovechaba de ninguna persona humilde, pagaba hasta el último centavo y siempre devolvía dinero al ejecutivo de la unidad. El episodio en el que un humilde jornalero le entregó un billete de cinco colones para ayudarlo en su lucha nos da una muestra de la comunión que alcanzó con el pueblo salvadoreño.

Quizás el gran problema fue con el Alto Mando, porque con sus camaradas de mando nunca hubo problemas, pero algunos en el Estado Mayor no comprendían su manera de ver la guerra como una misión a ser cumplida a toda costa, al margen de toda consideración política. A él le habían enseñado a combatir y lo hacía a la perfección, con eficiencia y eficacia. Un fin de semana antes de morir tuvo una reunión en San Salvador con relación a la Operación Torola IV en la que solicitó mayores recursos para limpiar Morazán de la amenaza terrorista y no lo quisieron escuchar.

Ahora, desde la eternidad nos sigue transmitiendo su ejemplo, su mensaje y su recuerdo, para que entendamos que las cosas hay que hacerlas bien, en orden y completas, que la vida no tiene sentido si no se vive con honor e ideales y que la muerte solo es el paso que hay que dar para entrar en el mundo eterno de los héroes.

Monterrosa nos comunica con el ejemplo de su vida que tenemos que trabajar por construir El Salvador en el que él y los padres de la Patria soñaron cuando alcanzaron nuestra independencia de la Corona Española y fundaron nuestro glorioso Ejército Nacional.

Su sangre nos comunica la fuerza con la que combatió y su recuerdo nos impulsa a seguir adelante, sin desfallecer aunque pareciera que todo está perdido.
Por la Patria y con Dios.

Sgto. Guido Miguel Castro

DOMINGO MONTERROSA

Nacistes en una ciudad cerca del cielo,
llevando la sangre de Barrios en tus vesnas,
nacistes el día del Señor,
de ahí tu nombre, de Él venías y a Él volverías.
Fuistes arrullado por el zenzontle y el talapo,
te perfumaron la flor del café y el azahar,
el aire de montaña fortaleció tu cuerpo,
los cantos de los ángeles tu espíritu.
Las primeras letras corrieron contigo
en calles empedradas y vientos de octubre.
Pero el águila debía emprender vuelo.
Llegastes al San Salvador pujante de los 50,
te perfeccionastes en el Isidro y en el Liceo,
sin querer asumistes la rapidez del escorpión
y la fuerza del león, ¡vaya combinación para la guerra!
Trazastes dos caminos para decidir:
la consagración sacerdotal o la consagración de las armas,
escogistes la segunda, ambas te llevarían al cielo.
Entrastes con coraje y decisión a la Escuela Madre,
a la Cuna de Valientes,
Por la Patria, ¡Vencer o Morir!
Barrios!!!!!!!! Pelotón de maniobra, práctica de tiro,
Academia, especializaciones, dominio del cuerpo,
imperio del espíritu, hambre, sed, cansancio,
alma de acero, espíritu guerrero, ánimo espartano.
Traje de Gala, juraste a la Bandera…
“—aún a costa de vuestra propia vida!!!!!!”
¡Sí lo juramos!!!!!!!!
Aquel juramento quedó vibrando para siempre en tu alma
Es lo que le dió sentido a tu vida…
Superastes todas las pruebas, con honores…
algunos decían fuerza excepcional…
tú sabías que simplemente era coraje…
Fuistes de Expedicionario a Honduras…
actuastes con honor, no abusastes del derrotado,
regresastes como Héroe y permanecistes así para siempre…
Fundastes la hermandad de la seda,
nos enseñastes que el parachute no muere,
solo se reagrupa en el cielo…
Huragan!!!!, el simpático Huragán,
fiel compañero, en la tierra y en el cielo,
también murió como héroe en Amatecampo,
llorastes en silencio su partida,
se reencontrarían en el reagrupamiento celestial.
Los tambores de guerra sonaban,
los apátridas planeaban la perdición de la Patria,
Tú permanecías siempre alerta al llamado,
y como era de esperar, fuistes el escogido,
el único soldado capaz de tal misión,
fundar el BIRIA…
Lo hicistes a tu modo, con tu carisma, con tu lema:
POR LA PATRIA Y CON DIOS!!!!
Con el símbolo de la resistencia del invasor:
Atlacatl el joven,
cuya sangre corre entre los guerreros que escogistes.
Los llevastes al límite como era tu costumbre.
Siempre es posible dar más porque el dolor no existe,
es una ficción de los cobardes.
Darse a la Patria, cumplir la misión, no había otro camino.
Las hordas invasoras temblabn ante el empuje de tu fuerza,
la llegada de los comandos aerotransportados
ponía en desvandada a los bandidos,
tus patrullas de reconocimiento eran fantasmas de la noche,
tus fuerzas de choque eran demoledoras,
el valor era a toda prueba,
el resultado solo uno: la victoria.
Marchabas al frente, en la primera linea de fuego,
sin privilegios, junto a tu tropa, eras un padre
más que un comandante,
Ante la orden dada tuvistes que partir,
A la Tercera que ahora lleva tu nombre,
y comandastes las operaciones
de la zona más herida de la madre Patria.
Asumistes como soldado y dejastes al BIRIA en buenas manos.
Pero la muerte rondaba traidora,
eran muchos los intereses,
que superaban el arte de la guerra,
no te soportaban los mercaderes del dolor,
eras su principal enemigo,
y la mano traidora actuó…
pensaron que te había matado,
solo te liberaron y te enviaron al Señor,
tu estatura de héroe los perseguirá siempre,
hasta el final de los tiempos,
muchos pretenderán manchar tu recuerdo,
solo nos unen más a tus hijos,
que en todo momento estamos en orden de batalla.
¡Por la Patria y con Dios!
¡Monterrosa Vive!

Sgto. Guido Miguel Castro